Eugenia Simionato




Soy psicóloga y escribo poesía. Publiqué mi primer libro La noche crece como un río solitario en el año 2015. Participé en el año 2014 de una lectura que organizó APOA (Asociación de poetas argentinos) en Buenos Aires. También fui invitada para leer en el canal Acequia de Mendoza. Me han publicado poemas en revistas digitales (El Sigma: Revista de psicoanálisis; Op.cit poesía, “Reportaje Haiku”, Revista El Desaguadero creado por los poetas mendocinos Fernando G. Toledo y Hernán Schillagi) y en papel (Un hilo rojo: revista mendocina de psicoanálisis y Revista Qu literatura); y en distintos blogs, como el de la poeta Valeria Cervero: Mordiscos, de la poeta Irene Gruss: El mundo incompleto, y participé de la entrevista: 1 poeta 10 preguntas creada por el poeta y editor Pablo Gabo Moreno.

Actualmente estoy en plan de escribir un segundo libro que de a poco está tomando forma.


***



En este mundo

Los días caen sobre mis piernas
como la ceniza que salta agujereando
la tela del vestido
y no alcanzan las manos para detener el pequeño incendio,
basta un mínimo error
para que el mundo se deshaga en una chispa
Ya no importa el peso,
la densidad con que una mano entra en un cuerpo y lo transforma
Veo las caras de los transeúntes
apenas conmovidas por el primer gesto
¿Cuántos han dormido y soñado
sin que una pregunta interrumpa el fragmento oscuro que se escribe entre las horas?
Debo tener en mis ojos
el sonido de esta lluvia que baja en la noche,
y yo no sé si existe alguien capaz de oír
el golpe de mis ojos cuando caen.


*

Ni siquiera la muerte

Nunca antes como ahora
la noche fue tan larga.
Cierro los ojos

y el dormir se abre hasta llegar a la ventana de mi cuarto.

Estás parado junto a mí,
vemos el río que jamás hicimos
la orilla se levanta y como una sirena
entra en tu boca;

pero no hay silencio,
el mar se entrega ya muerto a tu lenguaje
ni una cicatriz, ni un signo rojo
que diga que hay vida
en el planeta de tu lengua.

Ni siquiera la muerte debe ser así de inconmovible
como para no sacudirse ante un temblor inesperado,
hasta la misma muerte viene y rompe los cristales del tiempo,
o las rocas en sus pasos quietos
se dejan tocar por las aves.

Sólo dios podrá vivir en la no existencia
y aun así permanecer
como si todas las cosas del mundo
lo esperaran
en un perfecto silencio.
  

Hernán Schillagi

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